Vertebrando el quejido
de cada fibra humana que me sustenta,
me doy cuenta del añejo hechizo
que, entre aire y aire, invade la materia
que afanosamente me empeño en guardar.
Porque no había seguridad eterna
cuando el armisticio entre caos y vacío
impuso condiciones creando el hoy;
solo se dio una oportunidad, un anhelo,
y éste muere sin motivos sencillos.
Erguidos en pura tensión, vigilante devenir,
somos virtualidad de la lente,
estamos donde acabamos, perdemos la partida
en movimientos de victoria con trampa,
y no tenemos predicción ante este suicidio.
Necesito pervertir cada paso que elijo
porque en ello disfruto mi tortura,
ésta que obligada se gesta en mi piel
cargando de estática mi desear la muerte,
hasta que sonriente exterminador se complace.
El hechizo de la bruja malvada
Hace 2 años





